martes, 13 de septiembre de 2016

“El grito de los excluidos: La situación actual de Brasil”


Por Edmar Aparecido sscc*

“La elección de un metalúrgico para la presidencia de la república, pareciera la prueba de la democracia conquistada en Brasil. Pareciera...
Revista: “Carta Capital”(07/09/2016)

En el último 31 de agosto nuestra democracia fue herida por un golpe parlamentario horrendo. Lo que ya había empezado con los diputados, fue entonces confirmado por la mayoría de los senadores. Pero cabe una pregunta: ¿por qué la presidenta de la república fue impedida de ejercer sus funciones? Para comprender un poco esta situación se hace necesario puntualizar unas cosas, siendo la más grave de todas que no hay “crimen de responsabilidad” como ellos dicen.  Tal crimen se configura cuando un gobernante utiliza del dinero público de los bancos estatales para suplir las cuentas de los ministerios, siendo que este dinero debe ser restablecido en tiempo hábil y toda tramitación debe ser aprobada por el parlamento. Pero esto es un acto utilizado por todos los presidentes anteriores. Y lo agravante es que dos días después de la condenación de Dilma, los diputados aprobaran una ley que permite tal acto, o sea, no fue por este acto que ella fue juzgada sino que este fue un intento de dar un rostro de “legalidad” al golpe parlamentario. Es verdad que no todo fue perfecto en esos 13 años de gobierno del partido de los trabajadores, pero también es verdad que se develaron estos actos porque el gobierno dio al Ministerio Público y la Policía Federal amplio apoyo y principalmente libertad para actuar, investigar y llevar a la cárcel los culpables por corrupción. Es la primera vez en la historia de nuestro país que vemos políticos, empresarios billonarios, grandes personalidades siendo juzgadas y condenadas, parecía entonces que la corrupción que desde la colonia venia destruyendo nuestros bienes iba llegar al fin, pero no.


Desde que llego al poder el Partido de los Trabajadores con el presidente Lula, el Brasil cambió mucho. El acceso a la universidad por parte de los pobres, el empleo en gran escala, la valoración del sueldo mínimo, la creación de la ayuda a las familias más pobres con la “Bolsa familiar” que es un proyecto social en el cual las familias más pobres reciben del gobierno un dinero mensual para su sustento. El acceso a la salud, educación, cultura y bienes sumado a grandes conquistas sociales. Pero desde entonces los que tenían el poder desde siempre nos hablaban que nuestro país era pobre, que no podríamos acabar con la deuda del FMI, que quien nació pobre iba morir así, entre tantas cosas mas no aceptaban que su poder y sus intereses particulares estuvieran  amenazados. Entonces de un día a otro se fue organizando este golpe que ahora se ha concretado, que no es sólo contra la presidenta Dilma y sus 54 millones de electores sino contra toda nuestra nación, contra los derechos conquistados por las minorías, el progreso social y la inclusión de los últimos años.

Hoy en Brasil tenemos un medio de comunicación llamada Globo, que manipula en favor de los grandes. En este sentido existe un grupo de políticos que, por miedo a las investigaciones de la Policía Federal que estaba descubriendo muchas muchos robos y  desvíos de dinero público, muchas obras que se pagaban por sobre su valor original, etc. Muchos de los paramentares están  envueltos en estos casos, por eso han inventado un golpe terrible para tomar el poder con mentiras, y lo peor ya empezaron a quitar muchos derechos, en especial, a los trabajadores. Hay una sensación de que se ha “terminado la corrupción”, pues se están cerrando las investigaciones, los jueces que antes estaban todo el tiempo en la televisión culpando el gobierno de Dilma hoy ya ni aparecen.   

Muchos se han tomado las calles, luchando por la democracia, hombres y mujeres que creen que el camino para una nación justa es que ella sea para todos. Personas simples, políticos, intelectuales, artistas, religiosas (as), obispos, curas, hasta grandes nombres se están uniendo en favor de nuestros derechos. Mucho más que un “Fora Temer” lo que se pide es nuestro Brasil de vuelta. Ya que con este golpe volvió todo a las manos de los grandes empresarios en especial extranjeros, y sabemos que su deseo es vender lo que es del Pueblo y hacer que el Pueblo no se rebele en búsqueda de sus derechos. A pesar de todo hay esperanza y juntos podemos cambiar esta situación, juntos podemos enfrentar las grandes potencias que quieren adueñarse de nuestro  país, juntos podemos enfrentar esta crisis internacional, junto podemos buscar soluciones, juntos, juntos, juntos...


*Edmar Aparicio es hermano profeso de los Sagrados Corazones, perteneciente a la Provincia de Brasil.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Celebración por la vida

Por Percival Cowley ss.cc.


Estimo que celebrar la vida es también celebrar el pensamiento. Sobre todo, me parece que ello es esencial en medio de una sociedad plural, donde no quiero creer que haya muchos que se inclinen por un aborto libre. Trataré de entrar en precisiones. Quizá esto ayude a otros a proceder del mismo modo y a alcanzar así un mayor rigor para la discusión presente y para el futuro.

1. Se habla de una ley de despenalización del aborto en tres causales. Eso significa, en primer lugar, que para hoy y para mañana subsisten las penalizaciones en todos los demás casos. Si la pena subsiste, es porque subsiste el delito.

En segundo lugar, conviene tener presente que si se habla de despenalizar, nada se dice en contra de la existencia del delito. Porque, claro, puede haber un delito objetivo, que no tenga pena (v.gr., por razones de edad).

2. Es bueno hacer presente que las tres causales son diferentes y, por lo mismo, requieren grados diversos de complejidad legislativa. La primera causal carece de toda complejidad, porque no hay delito, y, luego, tampoco penalización. La segunda causal ya trae complejidad consigo, y por ello requiere cautelas legislativas que salven, por un lado, el valor objetivo de la vida humana y los eventuales derechos de la madre y del padre y, por otro, dejen espacio suficiente a la llamada “conciencia perpleja”, sin olvidar, en este caso y en el siguiente, todos los apoyos que la sociedad organizada debe ofrecer a las mujeres que viven situaciones de esta índole, como también las medidas preventivas posibles.

En la tercera causal, el de la violación, seguramente el legislador buscará las precisiones del caso para la prueba del delito de violación, sin olvidar, por cierto, que la eventual despenalización tiene que ver con la víctima, y no con el victimario, a quien se ha visto bastante ausente en la discusión pública.

3. Resulta fundamental no olvidar que nadie, en ninguno de los casos señalados, podría verse obligado a recurrir a alguna suerte de aborto. Esta afirmación resulta básica para quien pretenda vivir cristianamente. Con todo, es bueno tener presente que la moral cristiana acude al discernimiento antes de tomar decisiones importantes como estas. La moral cristiana no actúa mecánicamente.

Percival Cowley, SS.CC.  –  Santiago de Chile

martes, 23 de agosto de 2016

Pokémon Go o lo que nos falta atrapar*

** Por Andrés Montero 
Hace un par de meses, tuve la suerte de estar en Ciudad de México junto a mi esposa. Entre las cientos de cosas que me llamaron la atención de esta ciudad interminable, hubo una que me sorprendió particularmente: en el metro, los tres primeros carros y los tres últimos de cada tren, son exclusivos para mujeres y niños. En la mayoría de los casos, la policía se encarga de velar porque se cumpla esta disposición, con un uniformado apostado ahí, en el tránsito del tercer al cuarto vagón, impidiendo el paso de quien quisiera pasarse de listo. Por seguridad, varias personas nos recomendaron que viajáramos en el cuarto vagón, de modo que pudimos observar lo que se vivía allá, en el otro mundo, en el mundo de las mujeres y los niños: camaradería de género, apoyo mutuo, sonrisas y sobre todo mucha tranquilidad en su viaje en transporte público.

Sin embargo, Nicole (siempre mucho más atenta a todo), estaba en desacuerdo: medidas como esta no hacían otra cosa que seguir fomentando un machismo que – hay que decirlo – tiene en México una vitalidad impresionante. ¿Qué pensarían aquellos niños, que desde que tienen uso de razón ven que es necesario separar a los hombres de las mujeres porque las pobres bestias no se pueden controlar al verlas? Separar a los hombres de las mujeres era una medida que, aunque urgente, iba a tapar por mucho tiempo lo importante. Era rendirse, no dar la pelea, dejar la discusión porque ya no tenía sentido, porque lo único que se podía hacer era separar a los unos de los otras, dado que los unos no iban a dejar de ser lo que eran, y las otras no querían aguantarlos más.Lo primero que pensé, sin darle muchas vueltas al asunto, es que era una medida formidable: sería muy difícil negar que el metro se convirtió en un lugar mucho más seguro y agradable para las mujeres, acostumbradas a agarrones, empujones, groserías, piropos indeseables, robos y tantas otras cosas que tienen que haber provocado la separación como medida necesaria. Además, las mujeres que no quieran viajar en los vagones exclusivos, por la razón que sea, no tienen problemas para hacerlo en cualquier lugar del resto del tren. De modo que es simplemente una opción (opción que, es lógico, la gran mayoría de las mujeres toma con gusto).

Por supuesto, cambié de parecer y me cuadré con la posición de Nicole. Y sin embargo, se veía tanta felicidad y solidaridad de género allá, en el tercer vagón, más allá del policía que no me habría dejado pasar, que no podía sino seguir pensando que tal vez no fuera una mala medida, incluso después de ser convencido por mi esposa con acalorados argumentos. Qué mal tenía que haber estado la cosa para que llegaran a esto, pero sobre todo, qué mal llegar a una normalización de este tipo. Me sentí confundido, porque seguía viendo felicidad allá en los primeros vagones. Entonces caí en la cuenta de que el hecho mismo de que se tratara de una medida exitosa era lo que demostraba el punto de Nicole: si separar hombres de mujeres es una medida exitosa, algo estaba extremadamente mal.
Concluí, finalmente, que se trataba de una medida exitosa que, sin embargo, estaba revelándonos algo infinitamente triste sobre el mundo en que vivimos.
Y no volví a pensar en esto.
Eso, hasta hace algunas semanas, cuando mi cuñado me mostró un video donde cientos de personas se empujaban en el Central Park de Nueva York, dejando incluso abandonados los autos, porque había aparecido un Pokemón poco común y había que atraparlo.
Supongo que no será necesario introducir a nadie a qué es Pokemón Go, después de que por primera vez en la historia de internet algo haya superado la búsqueda en la red del porno. En lo personal, nunca vi la serie televisiva y me acabo de enterar de que fue un juego antes de ser una serie. En el colegio, mis compañeros – creo que todos – sí la vieron, de modo que estoy enterado de la trama y conozco a sus personajes principales. Como se trata de una buena historia, que por algo cautivó a tantos millones de niños y jóvenes, no puedo sino entender que, al menos para ellos, sea emocionante poder convertirse en el protagonista de algo que marcó, de un modo u otro, su infancia. Por lo demás, sería absurdo negar que la aplicación es una genialidad, desde el punto de vista lúdico y tecnológico. Reconozco que me resulta extraño ver a niños y adultos cazando monstruos virtuales por la calle, admito que me he descubierto como un conservador que no quiere que cambien los juegos, como un viejo que mueve la cabeza repitiendo “en mis tiempos jugábamos con una pelota de trapo”, y que eso me ha sorprendido de mí mismo. No puedo negar lo extraño que me resulta ver a escritores comentando que salieron con sus hijos a cazar pokemones y que fue bacán (habría imaginado que serían parte de la resistencia, como quien dice), pero sé también que todo lo anterior es una opinión más que personal y que no tengo muchos argumentos para explicar por qué no me gusta esta moda. Simplemente, me gustan más los libros o el deporte, pero ese soy yo. De modo que no seguiré por ahí: no tengo nada que decir, respeto a quienes lo pasan bien con el juego, habría que moderar su uso como el de todas las redes sociales, bla, bla, bla.

Lo que me ha llamado la atención es otra cosa. Ante las críticas, los seguidores del juego han respondido rápido, y su argumento principal ha sido que esta aplicación hace que los niños salgan de su casa, que interactúen con otras personas, que conozcan su ciudad. Hace pocos días estuve en Fresia, en el sur de Chile. Una bibliotecaria me comentaba que llevaba muchos años intentando que su hijo saliera un poco de la casa, porque se la pasaba encerrado en el computador, absolutamente todo el día, alegando cuando había que ir a visitar a algún pariente: el caso de muchos niños y jóvenes de esta época, lo sabemos. La bibliotecaria no podía sino estar feliz ahora: su hijo estaba todo el día afuera, interactuaba con otros jóvenes, llegaba con los pies cansados de tanto caminar por Fresia y ya no pasaba el día encerrado en el computador. No será un caso único, claro: miles de papás están comentando lo mismo. ¿Cómo no celebrar a Pokemón Go, entonces? Se ha argumentado, también, que los jóvenes están yendo a los museos, a centros culturales, a los parques. A buscar Pokemones, claro, pero al menos están yendo y conociéndolos de rebote. ¿No es acaso algo positivo? Los padres que tienen la aplicación dicen felices que han encontrado una forma de conectarse y jugar con sus hijos. ¿Quién sería el malvado que podría seguir en contra de Pokemón Go? No sé. Yo no, al menos. Me han convencido estos argumentos irrefutables.
Si Pokemón Go fuera una medida destinada a sacar a los niños de sus casas y hacerlos conocer su ciudad, sería una medida exitosa sin ninguna duda, así como no hay ninguna duda de que la medida de separar hombres y mujeres en el metro de Ciudad de México es un éxito porque acaba con maltratos y abusos machistas.
Y sin embargo, los carros separados del metro están revelando algo muy triste del mundo en que nos tocó vivir. Del mismo modo, el hecho de que cientos de monstruitos virtuales sean la única razón de miles de niños, jóvenes y hasta adultos para querer conocer su ciudad e interactuar con otros, está gritándonos algo muy fuerte y muy claro. Está revelando algo muy triste del mundo en que nos tocó vivir.
La aparición de esta aplicación – del éxito indiscutido de esta aplicación, más bien – podría ser una oportunidad para que atrapemos algo más que Pokemones: el sentido que le estamos dando a la vida, a nuestros espacios públicos, a nuestras calles, y a la presencia de los otros en ellas. Si necesitamos llenar los parques de personajes que sólo se pueden ver a través del celular, algo pasa con los parques. Algo pasa con los museos. Algo pasa con la educación. Algo pasa con los padres que no sabían cómo encontrarse con sus hijos. Algo está pasando, y Pokemón Go lo reveló de forma muy clara. Dependerá de cada cazador saber atraparlo.
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* Columna publicada el 19 de agosto en www.elquintopoder.cl
** Andrés Montero, escritor y cuentacuentos en la Compañía La Matriosca.